Ornato en las galeras

En este siglo, el renacimiento de las artes y de la cultura grecorromana se va a aplicar a la construcción naval, ornando y embelleciendo las naves, que se convierten así en embajadoras del poder de los monarcas españoles. En el Mediterráneo, las escuadras de galeras son, en esta época, la expresión del poder naval de los reinos y repúblicas, que se manifiesta en el adorno y lujo de estas embarcaciones, especialmente en las capitanas y reales, cuyas popas se adornan con profusión de esculturas y dorados. España es la potencia hegemónica europea y, en consonancia, sus buques deben ser la muestra del poder y del esplendor real fuera de sus fronteras. Citar solamente, para demostrar la continuidad de la costumbre, bien que de forma más modesta, lo que se hacía en la primera mitad del siglo XVIII: “Construcción, recomposición y adornos: será de la obligación del asentista tener proveidas las Galeras de todo lo perteneciente a ornamentos de Popa, según las clases de ellas, como tambien los que le tocare de flamulas, estandartes y pavesadas y renovar las pinturas quando lo necesitaren”. En cuanto a los distintivos, el elemento principal que distinguía a las galeras capitanas y patronas era el fanal (farol de gran tamaño). Para no extendernos demasiado en este aspecto, que se mantuvo hasta la extinción de las galeras a comienzos del siglo XIX, diremos que las capitanas reales llevaban tres fanales iguales en línea sobre la pertigueta; las galeras capitanas de las diferentes escuadras tres fanales en triángulo, el fanal central más alto y de mayor tamaño que los laterales; la patrona real dos fanales de igual tamaño centrados en la pertigueta; las galeras patronas de las escuadras un fanal centrado sobre la pertigueta. Las galeras sencillas llevaban una figura o santo centrada sobre la pertigueta, que, en este siglo, podía ser de carácter religioso o profano, y que identificaba a la galera, y, en cada extremo de la pertigueta, un pequeño fanalete. Además cada galera llevaba en el extremo del espolón una figura distintiva.

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Tipología de galeras: bastardas y extraordinarias

Ya hemos establecido en textos anteriores que la galera ordinaria o sutil del siglo XVI era de 26 bancos por banda, bogando 24. Pasemos ahora a describir las galeras de mayor tamaño, las bastardas y las extraordinarias.

Por galera bastarda se entendía la de mayor tamaño que las ordinarias, normalmente indicado por el número de bancos. Estas galeras, a veces llamadas galeras de fanal, servían para capitanas o patronas, es decir, las galeras en que embarcaba el General de la Escuadra de Galeras y el Segundo Cabo o Cuatralbo respectivamente. Las galeras patronas armaban 27 bancos, bogando 25, por cada banda, pues, como ya se ha justificado, dos bancos contiguos de cada banda no se montaban, ocupando su hueco el esquife y el fogón.

Pero el concepto de galera bastarda, en este siglo, tenía otro requisito además del mayor número de bancos: el estar más reforzada de gente, es decir, tener más capacidad de combate. Tengamos presente que la mayor parte de los conflictos entre galeras se resuelven al abordaje, en los cuales la acción de la gente de guerra es decisiva. En consecuencia, las galeras mayores que las ordinarias que no son patronas ni capitanas, llevan la misma gente de cabo (gente de mar y gente de guerra) que una galera ordinaria, y para diferenciarlas (de las bastardas) se denominan bastardelas.

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Aparejo, timoneras y carrozas


La acepción que utilizamos aquí para la palabra aparejo es la de conjunto de los palos (árboles), vergas (entenas), jarcias y velas de la galera.

Comencemos por los árboles. Documentalmente sabemos que en 1539, e incluso antes, las galeras tenían dos árboles: maestro o de Mestre y trinquete. Las velas que llevaban eran tres, en tamaño descendente, para el árbol maestro, una para el trinquete, y una vela cuadra, el treu o treo, que servía para correr fortuna. Lo que resulta complicado, ciñéndonos exclusivamente al siglo XVI, aunque el fenómeno se produce en todas las épocas, son las denominaciones de las velas debido a los frecuentes cambios semánticos.

Los árboles de la galera eran palos machos, es decir, palos enterizos sin masteleros. Los árboles acababan en una pieza postiza, el calcés, que se consideraba como pieza de tallamen o motonería. El calcés tenía dos vaciados, las cajeras, en donde se alojaban las roldanas que servían para el laboreo de los amantes que sostenían la entena, la cual se atracaba al árbol mediante el aparejo de troza o de troceo. Los árboles se aguantaban mediante unos cabos llamados costeras, que se hacían firmes a las bandas de la galera en unas cadenas de hierro, que portaba en su extremo un gancho, denominado alacrán, en el cual se engazaba el aparejo que servía para tensar las costeras.

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Corullas, arrumbadas y artillería

Las piezas del primer tipo (antibuque) iban todas en la corulla. La pieza principal iba en el centro, en la prolongación del pasillo central de la galera, la crujía, que corría de la espalda a la corulla. Esta pieza del tipo cañón, exceptuado el primer decenio del siglo en el que las galeras llevaban todavía bombardas de hierro, se denominaba, obviamente, cañón de crujía. Era una pieza de gran calibre, diámetro de la bala de hierro que disparaba, que se expresaba por el peso del proyectil en libras españolas, “Un cañon de cruxia fundicion de Malaga pesa cincuenta y dos quintales y noventa y ocho libras, tira de vala treinta libras tiene 32 de caliboLeer mas”. “Traduciendo” el texto, éste dice que es un cañón de bronce (a partir del primer decenio de este siglo las galeras llevaban todas las piezas de bronce), lo que se reconoce por la expresión de su peso grabado en la fundición, que se refiere al cañón sólo, sin contar la caxa o cureña, alrededor de 2.437 Kg., que su bala o pelota de hierro pesa 13,8 Kg. y que el diámetro de la boca del cañón, calibo (calibre), es el correspondiente al de una esfera o pelota de hierro colado que pese 32 libras. La diferencia entre el radio de la esfera de hierro colado de 32 libras y la de 30 libras (1,7 mm.) es el viento o hueco entre la bala y la pared del cañón, que servía para que la bala pudiera deslizarse fácilmente por el interior de la pieza.

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El sistema de boga en el siglo XVI (II)

La corulla era un espacio en la proa de la galera, comprendido entre los dos últimos bancos de la cámara de boga y el yugo de proa. Este lugar era utilizado para asentar las piezas principales de artillería, para afirmar los arganelos que servían para izar el ferro, para estiba de los ferros, y para colocar las ballesteras, provistas de orificios, que servían de letrina o necesaria a la gente de cabo.

A comienzos del siglo que nos ocupa, la corulla estaba descubierta y sin protección de firme en su perímetro exterior. Eso no significa que, para el combate, no se le montase algún tipo de protección lateral con las pavesadas, empavesadas o rambadas, paveses o escudos de madera que se colocaban en los costados para proteger de los tiros enemigos.

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El sistema de boga en el siglo XVI (I)


Al comenzar el siglo XVI las galeras bogaban a tercerol (lámina superior). En este tipo de boga, que en catalán se denominaba a tres tires, los tres remeros de cada banco manejaban un remo cada uno, de desigual tamaño, asegurados a su respectivo escálamo. Es posible que esta boga fuese inicialmente con dos remeros y dos remos por banco (a dues tires) en el siglo XIV, pero en la segunda mitad de ese siglo, las galeras ya se armaban a tercerol.

Los tres remos de cada banco eran de diferente tamaño y de distinta longitud para ajustarse a la regla práctica de que la parte del remo de la postiza hacia dentro debía ser un tercio de la longitud total, mientras que de la postiza al final de la pala del remo medía dos tercios. Esta norma empírica, unida a otra que recomendaba que el remo debía formar, cuando entraba en el agua, el menor ángulo con la superficie del agua, eran dos importantes pautas que condicionaban el diseño de la galera, concretamente en la relación de la distancia de la crujía a la postiza y en la del trancanil a la línea del agua, de manera que se sacase el mejor rendimiento al esfuerzo de la chusma.

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La gente de galeras

La planta o dotación de las galeras españolas se dividía en dos grupos: la gente de remo o chusma y la gente de cabo. En el siglo XVI ha desaparecido, prácticamente, el sistema medieval en el cual toda la gente de la embarcación, salvo excepciones puntuales, eran personas libres y combatientes. Así, en esa época, la palabra chusma, que designaba al conjunto de los remeros, no tenía el significado peyorativo que adquirió posteriormente. Por contra, la introducción del “sistema utilitario de penas”, que consistía en conmutar las penas graves (muerte, mutilación, destierro perpetuo u otras semejantes) por la condena a galeras al remo, va a diferenciar claramente la condición de los remeros del resto de la gente embarcada.

De esta manera, la gente de remo estaba formada por los condenados a galeras “al remo y sin sueldo”, forzados, y por los esclavos del rey, comprados por la Corona, donados por particulares, capturados en combate con embarcaciones enemigas o en cabalgadas en tierra. En esta categoría se incluían los remeros voluntarios, buenas boyas, que, sin embargo, cobraban sueldo y recibían ración de cabo. En la segunda mitad de este siglo, la proporción de buenas boyas, en relación con la de forzados y esclavos, cae radicalmente. No sucedía lo mismo en las escuadras españolas de Italia, donde el número de remeros voluntarios en esta época era apreciable. Probablemente, la razón era que los españoles sin recursos preferían emigrar a América, en vez de alistarse como buenas boyas.

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